lunes, 26 de octubre de 2009
viernes, 2 de octubre de 2009
Crónicas de un día aburrido II
Lo que pongo entre paréntesis es lo que pienso. Lo digo porque de repente me paré a pensar en si se entendía lo que significaba y por si acaso lo resuelvo ahora. Porque a mi me pesa mucho la conciencia (¡waaaaaaaaaa, otra vez hablando de ese tema, déjame en paz estúpido grillo!). Al igual que los párrafos no tienen ninguna relación entre sí y esto parece uno de esos dibujos de escaleras que están boca arriba y boca abajo y nunca tienen fin. Si alguna vez cometo alguna fechoría y vienen a investigar, se encontrarán este libro en mi mesita de noche: "Uy, mira, si resulta que escribió un libro y todo. ¿De qué irá?", los inventigadores no sacaran muchas luces con este libro. Por eso lo hago, por si acaso, para que sea una prueba viva de que no fui yo la que lo hice, fue mi subconsciente. O algo así. Esperemos que no caiga en las profundas y negras sombras de lo desconocido.
Ya veis si soy rarita que colecciono chapas de latas. Las chapitas que todo el mundo se emociona cuando las ve: "A ver que letra me sale..." y que todo el mundo, pero todo el mundo, se entristece cuando se cae dentro e intenta sacarla para tirarla a la basura, porque luego nadie las quiere. Pues me van a tener que cambiar el nombre porque YO si las quiero y no soy nadie. Las tengo de color azul, y de color normal, de metal, y de todas formas: de las latas de refresco y las de cervezas, porque las chapas no son iguales. También colecciono ptras cosas, como frases de todo tipo, o monedas de un céntimo. Penoso, porque soy la única que se agacha emocionada cuando ve una monedita y grita: "¡Anda, mira, una moneda de un céntimo! ¡Ya tengo otra!" Pero son esas cosas pequeñas y esas moneditas las que me hacen crecer como persona.
Y yo sigo escribiendo y le doy la enhorabuena a quien haya conseguido leerme hasta aquí. Tienes huevos y todo lo que hay que tener para leer esto. Además de tiempo libre. Lo normal sería decirte: "Anda, vete a estudiar" o "Tienes que hace ralgo útil con tu vida y dejar de leer este libro". Al menos eso es lo que diría tu madre si te viera así. Pero si sigues leyendo es que he tenido éxito y alguien ha encontrado esto después de morirme y ha dicho: "Total, por otro libro como este en el mercado..." Pues yo me alegro mucho. Porque s mi libro. Y eso que empecé escribiendome a mí misma y sólo porque estaba aburrida. Y ahora parece que le escribo a alguien y que ese alguien me lee y se emociona y se ríe cuando lee esto. Lo que hace la imaginación. Ya me creo que esto si se ca a publicar, cuando posiblemente no salga del ordenador y lo lea mi madre o mi hermano por error. Porque no tengo cuerpo ni alma para darle esto a alguien. No le haría pasar un mal rato. No porque piense que el libro es aburrido o malo, sino porque no tiene ni pies ni cabeza.
Poco a poco me cuesta menos escribir la palabra porque. Esa era otra de las que me traían de cabeza.
Un día de éstos iré al centro. A mí el centro me encanta, pero en verano, no. En invierno. Es precioso. Aunque muchos piensen que el centro en invierno es un asco porque está nublado o porque hace frío, es por eso por lo que a mí me gusta. Es un típico día de invierno, en los que vas andando con tus amigas y tus tonterías, con las bufandas y los guantes, y las botas húmedas de los charcos. Parece que estoy descibiendo una película pero es lo que me gusta. Y no pienso ir en bus, o voy en coche o en tren. Porque lo suyo es ir al centro en tren. Me encanta el tren. Quizá porque la primera vez que lo cogí fue para ir al centro (como no), con mis vecinos (por favor) y en un día de invierno. Que esperabas. Mi vida es así, está ligada con pequeños momentos myu intensos que em marcan de por vida. Nunca olvidaré aquel día.
Hoy (ya pasó un día más), he tenido un sueño de lo más extraño. Supongo que es de lo nervios de que empieza un nuevo curso (y de que queda menos para recuperar) y no sé en qué clase me va a tocar. O puede que sea porque, mi hermano entra en mi instituto. Ya me lo imagino, yo en los recreos con mis amigas, hablando de nuestras cosas y llega mi hermano y me dice: "Hola, bambina" Sólo una persona entenderá eso. Y sería entonces cuando yo le gritaré "¡Quieres irte al carajo de una puñetera vez! ¡Yo no soy tu niñera!" Y todo el mundo sabrá que mi hermano está en el instituto y se viene conmigo. Porque normalmente, al menos no he conocido a nadie que haga lo contrario, pero lo normal es que los hermanos no se hablen mucho en el colegio, cada cual va con sus amigos y con sus temas y no se echan cuenta. Pero yo conozco a mi hermano y no me va a dejar en paz. Lo sé porque lleva todo el verano diciéndome :"Cuando empiece el curso me lo enseñas todo y me presentas a tus amigas." Permitidme un gesto. ¬¬
Me encanta la mozarella fría. A ver si me explico. Cuando compras el paquete en el Mercadona, para meter en el frío, antes de usarla y todo eso. Pues esa es la mozarella que me gusta. Ahora mismo estoy comiendo un poco, aunque lo hago sin que se den cuenta, porque si no me regañan y, todo sea por un antojo. Porque yo no soy de las que comen por comer. Si tengo hambre como, y si no, no como. Mi madre dice que parezco una embarazada, porque antojos sí que tengo, aunque no tenga hambre. Me entran ganas de comer queso, como queso. Una vez comí nocilla (con el cuchillo, yo, muy bruta) y luego me comí una salchicha semicocida o como las llamo yo, recién cogidas del paquete. Por poco me hace vomitarlo mi madre, alegando que voy a coger una enfermedad del estómago, lo que dice siempre: "¡Y cuando estés en el hospital te abandono allí y que te cuide tu padre!" Mejor. Que me la imagino yo en el hospital: "¿Has echo tu cama, Laura? ¡A que no has limpiado el polvo!" Pero qué se le va a hacer, es una madre. Yo, cuando sea madre, dejaré que mis hijos coman lo que quieran, siempre que sea sano. Pero yo a mi madre la adoro.
Odio todo tipo de bichos. Acabo de oír el vuelo de una mosca (¬¬, me cago en tus muertos, mosca de mierda), recordé aquella noche de verano, tampoco hace tanto. Era una de esas noches en las que todo el mundo está contento, gracias a esos programas de la tele que pretenden hacer reír, sin resultados. Y había un mosquito volando por ahí. No hay cosa que más coraje me de, qeu unas alas de bicho cerca de mi oreja. Odio ese sonido, me saca de quicio. El caso es que estaba del mosquito hasta los mismísimos y decicí matarlo. O hacer como que lo mataba, porque a mí me dan mucho asco los bichos, ni siquiera los puedo matar. Dí una palmada en el aire, con tan mala suerte que lo maté sin querer. Y yo me dí cuenta. Empecé a gritar, a sacudir la mano en el aire, para ver el cuerpo del mosquito se despegaba de mi dedo. Lo sé, es asqueroso, que me lo digan a mí, pero si no cuento todos los detalles no queda bien. Me dice mi padre que me vaya a lavarme la mano, siempre riéndose, mira él que bueno, que se preocupa mucho por mí. Y cuando vuelvo al salón, todos riéndose de mí, porque estaba llorando del asco que le cogí a mi dedo esa noche. Estaba tan exasperada que terminé llorando. Hay que ver.
Tengo un gatito en el programa este en el que estoy escribiendo y el pobre se ha dormido. Este sí que es listo, se duerme. Esta monísimo. Que ricura. Cualquier tontería de estas me gusta mucho, no lo puedo evitar. Cuando juego a la Nintendo, a los sims, y cambio de ropa a mi personaje, éste pone caras. Se ríe, llora, se enfada... Y yo le digo: "No llores, por favor." O: "¿Por qué te enfadas?" Me emociono con mis personajes. Al fin y al cabo, son trozos de mi persona, intento reflejarme en ellos, como pasa en mis historias. Aunque no los hago a mi imagen y semejanza, intento que al menos, tengan algo de mi carácter o de mi modo de pensar. Son como hijitos pequeños que van creciendo poco a poco, crecen solas, dependiendo del estado en el que me encuentre o en el lugar. No tengo nada pensado de mis historias. Lo que tenga que ser será, y lo que no, pues no. Qué será, será...
El otro día cogí libros de la biblioteca y decidí que trabajaría en una. Porque, yo, con dieciséis años que llevo en este mundo, todavía no sabía lo que quería hacer de mayor. Y nunca me ha importado, siempre he preferido vivir el momento y ya llegará el día de pensar en eso. Y ese día llegó. Me encanta leer (ya lo he mencionado) y por eso creo que mi trabajo ideal sería de bibliotecaria, o trabajar en un librería. Aunque también he pensado en alguna que otra vez en trabajar en la tienda de Fnac, además de libros tiene videojuegos, películas y música. Es mi tienda ideal. Pero de momento tengo que acabar bachillerato y pensar si hago o no una carrera o me meto en módulos. Todavía no lo he decidido. Lo dicho, prefiero vivir el momento.
Últimamente no tengo ninguna ganas de escribir, así que mato el tiempo dibajundo, otro pasatiempo. Además nadie me quiere, nadie me llama y nadie se acuerda de mí. ¡Te quiero muchísimo Nadie! ¡Te adoro! Es algo que siempre está ahí, o con el nombre de nadie o con el nombre de nada. Por eso es tan querido por mí, porque siempre está ahí.
Ya no tengo más temas de conversación y creo que todo lo dicho se ha dicho bien. Gracias, a todos los que me habéis leído por tener paciencia y esperar hasta el final, a ver si se moría el protagonista, pero no, en esta biografía no se muere nadie. Aunque tampoco creo que sea una biografía porque no explico mucho de mi vida, más bien nada. No sé cómo llamarla, puede qeu "Crónicas de un día aburrido". Me gusta ese nombre. Lo dicho, gracias a todos, y espero que nunca más se escriba un libro como este, sin principio ni fin. Os quiero mucho. Y gracias de nuevo.
P.D.: A lo tonto a lo tonto, he escrito siete páginas señores, siete. La imaginación hace milagros.
Ya veis si soy rarita que colecciono chapas de latas. Las chapitas que todo el mundo se emociona cuando las ve: "A ver que letra me sale..." y que todo el mundo, pero todo el mundo, se entristece cuando se cae dentro e intenta sacarla para tirarla a la basura, porque luego nadie las quiere. Pues me van a tener que cambiar el nombre porque YO si las quiero y no soy nadie. Las tengo de color azul, y de color normal, de metal, y de todas formas: de las latas de refresco y las de cervezas, porque las chapas no son iguales. También colecciono ptras cosas, como frases de todo tipo, o monedas de un céntimo. Penoso, porque soy la única que se agacha emocionada cuando ve una monedita y grita: "¡Anda, mira, una moneda de un céntimo! ¡Ya tengo otra!" Pero son esas cosas pequeñas y esas moneditas las que me hacen crecer como persona.
Y yo sigo escribiendo y le doy la enhorabuena a quien haya conseguido leerme hasta aquí. Tienes huevos y todo lo que hay que tener para leer esto. Además de tiempo libre. Lo normal sería decirte: "Anda, vete a estudiar" o "Tienes que hace ralgo útil con tu vida y dejar de leer este libro". Al menos eso es lo que diría tu madre si te viera así. Pero si sigues leyendo es que he tenido éxito y alguien ha encontrado esto después de morirme y ha dicho: "Total, por otro libro como este en el mercado..." Pues yo me alegro mucho. Porque s mi libro. Y eso que empecé escribiendome a mí misma y sólo porque estaba aburrida. Y ahora parece que le escribo a alguien y que ese alguien me lee y se emociona y se ríe cuando lee esto. Lo que hace la imaginación. Ya me creo que esto si se ca a publicar, cuando posiblemente no salga del ordenador y lo lea mi madre o mi hermano por error. Porque no tengo cuerpo ni alma para darle esto a alguien. No le haría pasar un mal rato. No porque piense que el libro es aburrido o malo, sino porque no tiene ni pies ni cabeza.
Poco a poco me cuesta menos escribir la palabra porque. Esa era otra de las que me traían de cabeza.
Un día de éstos iré al centro. A mí el centro me encanta, pero en verano, no. En invierno. Es precioso. Aunque muchos piensen que el centro en invierno es un asco porque está nublado o porque hace frío, es por eso por lo que a mí me gusta. Es un típico día de invierno, en los que vas andando con tus amigas y tus tonterías, con las bufandas y los guantes, y las botas húmedas de los charcos. Parece que estoy descibiendo una película pero es lo que me gusta. Y no pienso ir en bus, o voy en coche o en tren. Porque lo suyo es ir al centro en tren. Me encanta el tren. Quizá porque la primera vez que lo cogí fue para ir al centro (como no), con mis vecinos (por favor) y en un día de invierno. Que esperabas. Mi vida es así, está ligada con pequeños momentos myu intensos que em marcan de por vida. Nunca olvidaré aquel día.
Hoy (ya pasó un día más), he tenido un sueño de lo más extraño. Supongo que es de lo nervios de que empieza un nuevo curso (y de que queda menos para recuperar) y no sé en qué clase me va a tocar. O puede que sea porque, mi hermano entra en mi instituto. Ya me lo imagino, yo en los recreos con mis amigas, hablando de nuestras cosas y llega mi hermano y me dice: "Hola, bambina" Sólo una persona entenderá eso. Y sería entonces cuando yo le gritaré "¡Quieres irte al carajo de una puñetera vez! ¡Yo no soy tu niñera!" Y todo el mundo sabrá que mi hermano está en el instituto y se viene conmigo. Porque normalmente, al menos no he conocido a nadie que haga lo contrario, pero lo normal es que los hermanos no se hablen mucho en el colegio, cada cual va con sus amigos y con sus temas y no se echan cuenta. Pero yo conozco a mi hermano y no me va a dejar en paz. Lo sé porque lleva todo el verano diciéndome :"Cuando empiece el curso me lo enseñas todo y me presentas a tus amigas." Permitidme un gesto. ¬¬
Me encanta la mozarella fría. A ver si me explico. Cuando compras el paquete en el Mercadona, para meter en el frío, antes de usarla y todo eso. Pues esa es la mozarella que me gusta. Ahora mismo estoy comiendo un poco, aunque lo hago sin que se den cuenta, porque si no me regañan y, todo sea por un antojo. Porque yo no soy de las que comen por comer. Si tengo hambre como, y si no, no como. Mi madre dice que parezco una embarazada, porque antojos sí que tengo, aunque no tenga hambre. Me entran ganas de comer queso, como queso. Una vez comí nocilla (con el cuchillo, yo, muy bruta) y luego me comí una salchicha semicocida o como las llamo yo, recién cogidas del paquete. Por poco me hace vomitarlo mi madre, alegando que voy a coger una enfermedad del estómago, lo que dice siempre: "¡Y cuando estés en el hospital te abandono allí y que te cuide tu padre!" Mejor. Que me la imagino yo en el hospital: "¿Has echo tu cama, Laura? ¡A que no has limpiado el polvo!" Pero qué se le va a hacer, es una madre. Yo, cuando sea madre, dejaré que mis hijos coman lo que quieran, siempre que sea sano. Pero yo a mi madre la adoro.
Odio todo tipo de bichos. Acabo de oír el vuelo de una mosca (¬¬, me cago en tus muertos, mosca de mierda), recordé aquella noche de verano, tampoco hace tanto. Era una de esas noches en las que todo el mundo está contento, gracias a esos programas de la tele que pretenden hacer reír, sin resultados. Y había un mosquito volando por ahí. No hay cosa que más coraje me de, qeu unas alas de bicho cerca de mi oreja. Odio ese sonido, me saca de quicio. El caso es que estaba del mosquito hasta los mismísimos y decicí matarlo. O hacer como que lo mataba, porque a mí me dan mucho asco los bichos, ni siquiera los puedo matar. Dí una palmada en el aire, con tan mala suerte que lo maté sin querer. Y yo me dí cuenta. Empecé a gritar, a sacudir la mano en el aire, para ver el cuerpo del mosquito se despegaba de mi dedo. Lo sé, es asqueroso, que me lo digan a mí, pero si no cuento todos los detalles no queda bien. Me dice mi padre que me vaya a lavarme la mano, siempre riéndose, mira él que bueno, que se preocupa mucho por mí. Y cuando vuelvo al salón, todos riéndose de mí, porque estaba llorando del asco que le cogí a mi dedo esa noche. Estaba tan exasperada que terminé llorando. Hay que ver.
Tengo un gatito en el programa este en el que estoy escribiendo y el pobre se ha dormido. Este sí que es listo, se duerme. Esta monísimo. Que ricura. Cualquier tontería de estas me gusta mucho, no lo puedo evitar. Cuando juego a la Nintendo, a los sims, y cambio de ropa a mi personaje, éste pone caras. Se ríe, llora, se enfada... Y yo le digo: "No llores, por favor." O: "¿Por qué te enfadas?" Me emociono con mis personajes. Al fin y al cabo, son trozos de mi persona, intento reflejarme en ellos, como pasa en mis historias. Aunque no los hago a mi imagen y semejanza, intento que al menos, tengan algo de mi carácter o de mi modo de pensar. Son como hijitos pequeños que van creciendo poco a poco, crecen solas, dependiendo del estado en el que me encuentre o en el lugar. No tengo nada pensado de mis historias. Lo que tenga que ser será, y lo que no, pues no. Qué será, será...
El otro día cogí libros de la biblioteca y decidí que trabajaría en una. Porque, yo, con dieciséis años que llevo en este mundo, todavía no sabía lo que quería hacer de mayor. Y nunca me ha importado, siempre he preferido vivir el momento y ya llegará el día de pensar en eso. Y ese día llegó. Me encanta leer (ya lo he mencionado) y por eso creo que mi trabajo ideal sería de bibliotecaria, o trabajar en un librería. Aunque también he pensado en alguna que otra vez en trabajar en la tienda de Fnac, además de libros tiene videojuegos, películas y música. Es mi tienda ideal. Pero de momento tengo que acabar bachillerato y pensar si hago o no una carrera o me meto en módulos. Todavía no lo he decidido. Lo dicho, prefiero vivir el momento.
Últimamente no tengo ninguna ganas de escribir, así que mato el tiempo dibajundo, otro pasatiempo. Además nadie me quiere, nadie me llama y nadie se acuerda de mí. ¡Te quiero muchísimo Nadie! ¡Te adoro! Es algo que siempre está ahí, o con el nombre de nadie o con el nombre de nada. Por eso es tan querido por mí, porque siempre está ahí.
Ya no tengo más temas de conversación y creo que todo lo dicho se ha dicho bien. Gracias, a todos los que me habéis leído por tener paciencia y esperar hasta el final, a ver si se moría el protagonista, pero no, en esta biografía no se muere nadie. Aunque tampoco creo que sea una biografía porque no explico mucho de mi vida, más bien nada. No sé cómo llamarla, puede qeu "Crónicas de un día aburrido". Me gusta ese nombre. Lo dicho, gracias a todos, y espero que nunca más se escriba un libro como este, sin principio ni fin. Os quiero mucho. Y gracias de nuevo.
P.D.: A lo tonto a lo tonto, he escrito siete páginas señores, siete. La imaginación hace milagros.
No soy un completo inútil,
por lo menos sirvo de mal ejemplo.
Laura Gato Román
jueves, 1 de octubre de 2009
Crónicas de un día aburrido
Hoy tengo muchas ganas de escribir, pero no quería empezar otra historia sin fin. Empiezo a creer que tengo un verdadero problema, todas mis historias no tienen fin, al menos, no están pensados aún. Buano sí, una lo tiene, pero es demasiado larga y me cuesta ponerme todos los días a escribir, encima a mano, con lo que cansa eso. Escribo esto para que, si algún día por casualidad, tengo la genial idea de mandárselo a alguien (que no lo creo, es muy difícil que lo haga), sepa en lo que me entretengo yo cuando me pongo en el ordenador y no hay nadie a quien hablarle. Es decir, sí qeu hay gente, pero no tengo temas de conversación comunes y hace mil que no los veo, así que... ¿Para qué hablarles? No le pillo el sentido, pero bueno... Hay muchas otras cosas a las que tampoco le cojo el sentido, pero ahora no creo que se buena idea escribirlas aquí, más que nada por que si no, no terminamos nunca.
Bueno, creo que esa es una buena introducción, explicando por lo que escribo todo esto, simplemente tengo ganas de mover los dedos por el teclado, pero mi mente no tiene ganas de trabajar ni de inventarse otra historia. Por muy mini que sea y el final que tenga. Nunca consigo escribir bien a la primera la palabra historia. Suelo poner hisotria, o hisotoria o algo por el estilo. Ya ves lo que es mi cabeza, un nido de pájaros como dice alguien que conozco. Bueno, así reviente mi cabeza. Estoy un poco harta de comerme tanto el coco. Esa es otra de mis estupideces que no soy capaz de perder, me rallo demasiado. No sé cuantas veces lo he dicho, por si alguien tiene alguna cura, ni cuantas veces me he prometido no volver a hacerlo nunca más (¡¡nunca mais!! XP), pero siempre acabo cayendo en la tentación... Soy un caso perdido... Otro espacio.
No lo estoy ordenando por ideas ni nada por el estilo, sólo que veo un montón de letras juntas y me mareo así que de vez en cuando le doy al botón y espacio en blanco pa' la nena. Vaya tontería.Pero bueno, volviendo al tema.. Lo que cambia la sociedad... Lo llevo notando de un tiempo hacía aquí, antes salíamos mucho más, y nos divertíamos un montón. Creo que las vacaciones no hacen mucho bien, em vuelven perezosa y eso no es bueno, que después me cuesta mucho volver a ser como antes. Luego no tengo ganas de salir, ni de estudiar... ¡Y me cuesta mucho! Creo que por eso escribo todo esto, hay veces que me da miedo haber olvidado como se deslizan los dedos por el teclado, con esa velocidad que me relaja, aunque a otros lo saque de quicio, como a mi padre que no puede verme... Es más, nadie debería verme, menudas pintas... Lo bueno de las vacaciones es que prácticamente estás en pijama todo el día, porque hace demasiado calor para bajar y da pereza vestirme para que te vean los cuatro gatos que hay siempre en tu casa (ojo, que yo a mi familia la quiero mucho). NO, definitivamente, no me visto para que mi hermano me vea. Me quedo en pijama, fresquita. Además es algo que puedes hacer en cualquier estación, ya sea invierno, primavera, verano u otoño, siempre puedes quedarte un fin de semana en tu casa con el pijamita puesto. Me encanta. Si alguien alguna vez tiene que hacerme un regalo y no sabe qué, fácil, un pijama, o un peluchito o un puzzle. Otro espacio.
De esto voy a hacer una biografía. Cuando tenga las suficientes hojas como para que sea un libro decente, lo publico por ahí en cualquier cuchitril y me lo compro. Y ya está, ya tengo libro propio, aunque sea una mierda, porque la verdad, esto que estoy escribiendo no es un libro como Dios manda. Dios con mayúsculas, porque, como escuché en una película: aunque tú no creas en Dios (que yo si que creo), Dios si cree en ti. Además, pienso que es bonito que haya alguien ahí, que te quiere hagas lo que hagas, porque Dios te perdona (a no ser que hayas sido un renegado en tu vida y la hayas liado como nunca nadie la lió). Pero en lo que concierne a la religión, Dios tendrá que perdonarme, porque yo no voy a la iglesia, y no porque no tenga tiempo ni porque esté de pingoneo, sino porque no tengo ganas de levantarme a las siete para sentarme en un silla de plástico escuchando un sermón que dormida no vale la pena escuchar. Prefiero estar en mi cmaita, con mi almohada y mi pijamita (sí, otra vez estamos con lo mismo), calentita en invierno y con el ventilador en verano. Porque la cama se inventó para dormir hasta tarde. No para levantarse a las siete, como hacen algunos, para desayunar. Sólo para desayunar. Porque mira, si te tienes que levantar temprano para ir a trabajar, pues oye, se perdona, todo sea por una buena vida.
Aunque yo creo que no hemos venido al mundo para trabajar, no, sino para conseguir dinero para vivir. Algunos utilizan un método más malo, otros tienen ideas que le valen millones, yo no sirvo para eso, mis ideas no son de millones, con mías. Y no las vendo por nada del mundo. Más que nada porque son ideas de "tardes aburridas", como las llamo yo, porque son en esas tardes en las que no tengo nada que hacer (aunque debería estar estudiando XP), y sólo a mí se me ocurre pensar en esas cosas. Como el color de mi pared, o la textura de la colcha de mi cama, es sólo por poner ejemplos. Tampoco creo que nadie quiera mis ideas para nada, aunque a mí me sacan alguna sonrisilla de vez en cuando del tipo "mira que loca estoy, que pienso en lo tostados que están los quicos". Pues esas son mis ideas. Jajaja.
Yo no estoy acostumbrada a escribir cosas de estas, y algún día se la enviaré a alguien, sólo por el gusto de decir "lee lo que escribí, ya verás" y ver la cara de "madre mía, llama al manicomio" que se le pondrá al pobre que lea todo esto. Porque a lo tonto a lo tonto, ya llevo dos páginas y media. ¡Sí, señores! Dos páginas y media. Lo que da de sí el aburrimiento... Y eso que hay muchas cosas divertidas por ahí en Internet... Pues nada, si quieres ver a una idiota estar toda una tarde ocupada, tomen ejemplo de mí, que para algo sirvo. Hay veces que veo las fotos, eso me encanta, ver las fotos. Para decir: "que feaaaa" o "¿Quién me habrá sacado con esta cara?" y para reirme un rato, hombre. Porque yo creo que alguien que se ríe de sí mismo es alguien en quien te puedes fijar, a ver si me explico. Cuando te caes, no llores, no te avergüences, ríete. Sí, ríete, que tampoco es tan malo. A no ser que te hayas roto algo, entonces llora porque duele.
Pero bueno, no estamos aquí para hacer cambiar a la gente y qeu se ría cuando se caiga. No, simplemente lleno mi poco tiempo de ordenador que tengo. Porque, por muy mayorcita que sea (porque yo para mis padres soy mayor cuando les da la gana), me ponen horarios en el ordenador. Aunque mira que saben bien que yo solo utilizo este cacharro para escribir (y vaya cosas que escribo). Me da vergüenza, la verdad, tener que decir, "no puedo mi madre me está regañando para que deje el ordenador". Es un coñazo como una casa de grande. Pero lo mejor de todo es que la mierda de trasto este tiene contraseñas para cualquier tontería, para que no le entren virus. Pues eso no sirve de nada, señores, porque los virus los coge igualmente.
Y cuando termino con esto, me pongo a leer y a merendar. Porque eso es lo que más me gusta después de dormir. Leer y comer porquerías, como yo llamo a la bollería y los paquetes de fritos. Me puedo pegar toda la tarde, tirada en la cama, leyendo y escuchando música (aunque luego no me entero de la historia) y comiendo. ¿Quién dijo que era imposible hacer más de dos cosas a la vez? Mira que yo soy lenta, eh... Porque el otro día, por ejemplo, iba a poner la pasta de dientes en el mango del cepillo y tan fresca. Dios los cría y ellos se juntan. Espero encontrar a aguein que esté tan loco como yo, para que no me aburra nunca. Juntos haremos muchícimas tonterías y nos reiríamos de todo y de todos. Porque yo cuando hago tonterías es para reírme luego y si puedo, hacerme una foto para acordarme cuando tenga ochenta años.
Estoy deseando que llegue el invierno. Hoy es 9 de agosto y son las cuatro de la tarde cuando escribo esto, aunque lo empecé hace unos días. Eso, que quiero que llegue ya el invierno, para ponerme calentita con una buena taza de chocolate y esperar, como cada año, un milagro de Dios llamado nieve. Porque yo soy de las que está enfrente del cristal del balcón y empañándolo, día sí, y noche también. Ya veis que ilusa, mira que aquí en Sevilla, no nieva ni de coña. Pues aquí me tenéis, a una servidora, asomándose todos los días a ver si el cielo está tan gris como para que nieve, rogándole al cielo un poco de compasión, porque yo, por mucho que vaya a la sierra y vea nieve, sigo esperando que neive a pie del cañón. Si nevó una vez, ¿por qué no otra? Y ya que estamos, que coja en días laborales para no ir al instituto, por favor. Por pedir que no quede.
Porque en sí, el verano me gusta, las vacaciones duran mucho más (mira que dar sólo quince de vaciones de invierno). Pero en esta ciudad, tan bonita, hace una calor de mil demonios, que parece que es un castigo divino que nos confundió con los secuaces del señor del inframundo. Me gustaría saber a quién coño se le ocurrió edificar aquí. Aunque yo no cambiaría m i ciudad por nada del mundo. Por mucho calor que haga, pero por lo menos no hay inundaciones como en el norte. Además, tenemos una alegría que es la cura contra todo calor y no será porque no falten piscinas. Los sevillanos tenemos muy inculcados lo que es la educación.
Como todo libro que se precie (aunque no sé si esto llegará a serlo algún día), tengo que hablar de la educación, para que luego digan que este libro no sólo sirve para avivar el fuego, que además es educativo. Porque la educación es lo más importante, sobre todo la nuestra. Cuando mis padres no me dejaban llamar a las cuatro de la tarde y me tenía que volver de casa de mi amiga para dormir la siesta (aunque yo no la durmiera, ni mi amiga tampoco), ahora me doy cuenta de que era lo correcto. Gracias a esas cuatro horas, más o menos, que tenías que quedarte en casa, porque era hora de dormir la siesta, servidora encontró ese mundo tan bonito llamado literatura. Y gracias a esas cuatro horas, soy lo que soy, y escribo lo que escribo. Algunos me matarán cuando sepan que de algo tan culto cogí ejemplo yo, pero qué se le va a hacer. Porque, señores, la siesta es sagrada.
Ya se puede estar quemando la selva amazónica o el Parque del Alamillo, ya pueda estar nevando o cayendo chuzos de punta del cielo, ya puede estallar una tubería por culpa de las obras del metro, al que duerme la siesta le importa un carajo y por tus melas, no lo despiertes. No por educación, no, sino porque de la ostia que te da te hace adulto. Al igual que si se duerme viendo la tele y se la apagas, por ahorrar que la cosa está muy mala, se despierta como si el arcángel Gabriel le anunciara el resultado del partido de esa noche, y te fulmina con la mirada, y sientes que estás a punto de notar en tus carnes el frío del Yakutia (geografía: es el lugar más frío del mundo, en Rusia, según el País) y el calor de Al'Aziziyah, en Libia, todo eso a la vez. Y corres lo más deprisa posible a tu cuarto, cierras la puerta de un portazo (ojo, lo más flojo posible, porque es hora de siesta), y esperas a que el monstruo durmiente no te haya seguido para leerte los mandamientos que rigen la sagrada siesta. Lo sé, porque me ha pasado.
Supongo que es algo que no se puede evitar, tantas anécdotas importantes que hay en tu vida, qeu tienes que contar cuando escribes una biografía, y algunas tendrás que meter en el librito. Porque ya se me metió en la cabeza pensar que esto es una biografía de tomo y lomo, aunque muchos no piensen igual que yo. Por eso mismo es tan divertido el mundo, porque no todos pensamos igual. Sería muy aburrido si así fuera. Imagina que todo el mundo tiene el mismo gusto. Al principio eso te emociona, porque coincidís en todo, pero luego te aburres y llegas a pensar que el otro no tiene personalidad. Cuando pienso en eso, yo imagino un hermano igual que yo (no físicamente, eso me causaría un trauma), tener los mismo gustos, las mismas aficiones... Llegaría a pensar que él es un coñazo, pero... ¿Acaso no es igual que yo? Entonces, ¿eso significa que el coñazo soy yo? Es en esos momentos en los que piensas en los demás y dices: "pobrecitos, lo que tendrán que aguantar.", y le das gracias al cielo de que seamos diferentes. Gracias.
Ante todo, hay que defender a los seres queridos. Porque son lo que tienes y lo que te queda. Los amigos pueden irse, porque el trabajo es en el extranjero o cualquier otra cosa, pero la familia siempre está. Y mejor si es una familia numerosa y divertida, eso significa fiesta todos los años, ya sea bodas, comuniones, bautizos y incluso fiestas de cumpleaños, pero te lo pasas tan bien que estás deseando repetir. Y el orgullo de decir: "mira que vestido me he comprado para tu boda, ¿eh? ¿A que te gustaría llevarlo si no fueras de blanco?", pero eso no suele pasar, y no, no soy yo la que piensa eso. Porque a mi no me hace falta pensarlo, ya sé que voy deslumbrante a las bodas, porque, amigas, mi madre me hace los vestidos y no me gasto un duro en un vestido de marca, porque lo que cuenta es el cariño. (Te juro que si algún día leen esto, me buscan en donde esté y me matan).
Bueno, creo que esa es una buena introducción, explicando por lo que escribo todo esto, simplemente tengo ganas de mover los dedos por el teclado, pero mi mente no tiene ganas de trabajar ni de inventarse otra historia. Por muy mini que sea y el final que tenga. Nunca consigo escribir bien a la primera la palabra historia. Suelo poner hisotria, o hisotoria o algo por el estilo. Ya ves lo que es mi cabeza, un nido de pájaros como dice alguien que conozco. Bueno, así reviente mi cabeza. Estoy un poco harta de comerme tanto el coco. Esa es otra de mis estupideces que no soy capaz de perder, me rallo demasiado. No sé cuantas veces lo he dicho, por si alguien tiene alguna cura, ni cuantas veces me he prometido no volver a hacerlo nunca más (¡¡nunca mais!! XP), pero siempre acabo cayendo en la tentación... Soy un caso perdido... Otro espacio.
No lo estoy ordenando por ideas ni nada por el estilo, sólo que veo un montón de letras juntas y me mareo así que de vez en cuando le doy al botón y espacio en blanco pa' la nena. Vaya tontería.Pero bueno, volviendo al tema.. Lo que cambia la sociedad... Lo llevo notando de un tiempo hacía aquí, antes salíamos mucho más, y nos divertíamos un montón. Creo que las vacaciones no hacen mucho bien, em vuelven perezosa y eso no es bueno, que después me cuesta mucho volver a ser como antes. Luego no tengo ganas de salir, ni de estudiar... ¡Y me cuesta mucho! Creo que por eso escribo todo esto, hay veces que me da miedo haber olvidado como se deslizan los dedos por el teclado, con esa velocidad que me relaja, aunque a otros lo saque de quicio, como a mi padre que no puede verme... Es más, nadie debería verme, menudas pintas... Lo bueno de las vacaciones es que prácticamente estás en pijama todo el día, porque hace demasiado calor para bajar y da pereza vestirme para que te vean los cuatro gatos que hay siempre en tu casa (ojo, que yo a mi familia la quiero mucho). NO, definitivamente, no me visto para que mi hermano me vea. Me quedo en pijama, fresquita. Además es algo que puedes hacer en cualquier estación, ya sea invierno, primavera, verano u otoño, siempre puedes quedarte un fin de semana en tu casa con el pijamita puesto. Me encanta. Si alguien alguna vez tiene que hacerme un regalo y no sabe qué, fácil, un pijama, o un peluchito o un puzzle. Otro espacio.
De esto voy a hacer una biografía. Cuando tenga las suficientes hojas como para que sea un libro decente, lo publico por ahí en cualquier cuchitril y me lo compro. Y ya está, ya tengo libro propio, aunque sea una mierda, porque la verdad, esto que estoy escribiendo no es un libro como Dios manda. Dios con mayúsculas, porque, como escuché en una película: aunque tú no creas en Dios (que yo si que creo), Dios si cree en ti. Además, pienso que es bonito que haya alguien ahí, que te quiere hagas lo que hagas, porque Dios te perdona (a no ser que hayas sido un renegado en tu vida y la hayas liado como nunca nadie la lió). Pero en lo que concierne a la religión, Dios tendrá que perdonarme, porque yo no voy a la iglesia, y no porque no tenga tiempo ni porque esté de pingoneo, sino porque no tengo ganas de levantarme a las siete para sentarme en un silla de plástico escuchando un sermón que dormida no vale la pena escuchar. Prefiero estar en mi cmaita, con mi almohada y mi pijamita (sí, otra vez estamos con lo mismo), calentita en invierno y con el ventilador en verano. Porque la cama se inventó para dormir hasta tarde. No para levantarse a las siete, como hacen algunos, para desayunar. Sólo para desayunar. Porque mira, si te tienes que levantar temprano para ir a trabajar, pues oye, se perdona, todo sea por una buena vida.
Aunque yo creo que no hemos venido al mundo para trabajar, no, sino para conseguir dinero para vivir. Algunos utilizan un método más malo, otros tienen ideas que le valen millones, yo no sirvo para eso, mis ideas no son de millones, con mías. Y no las vendo por nada del mundo. Más que nada porque son ideas de "tardes aburridas", como las llamo yo, porque son en esas tardes en las que no tengo nada que hacer (aunque debería estar estudiando XP), y sólo a mí se me ocurre pensar en esas cosas. Como el color de mi pared, o la textura de la colcha de mi cama, es sólo por poner ejemplos. Tampoco creo que nadie quiera mis ideas para nada, aunque a mí me sacan alguna sonrisilla de vez en cuando del tipo "mira que loca estoy, que pienso en lo tostados que están los quicos". Pues esas son mis ideas. Jajaja.
Yo no estoy acostumbrada a escribir cosas de estas, y algún día se la enviaré a alguien, sólo por el gusto de decir "lee lo que escribí, ya verás" y ver la cara de "madre mía, llama al manicomio" que se le pondrá al pobre que lea todo esto. Porque a lo tonto a lo tonto, ya llevo dos páginas y media. ¡Sí, señores! Dos páginas y media. Lo que da de sí el aburrimiento... Y eso que hay muchas cosas divertidas por ahí en Internet... Pues nada, si quieres ver a una idiota estar toda una tarde ocupada, tomen ejemplo de mí, que para algo sirvo. Hay veces que veo las fotos, eso me encanta, ver las fotos. Para decir: "que feaaaa" o "¿Quién me habrá sacado con esta cara?" y para reirme un rato, hombre. Porque yo creo que alguien que se ríe de sí mismo es alguien en quien te puedes fijar, a ver si me explico. Cuando te caes, no llores, no te avergüences, ríete. Sí, ríete, que tampoco es tan malo. A no ser que te hayas roto algo, entonces llora porque duele.
Pero bueno, no estamos aquí para hacer cambiar a la gente y qeu se ría cuando se caiga. No, simplemente lleno mi poco tiempo de ordenador que tengo. Porque, por muy mayorcita que sea (porque yo para mis padres soy mayor cuando les da la gana), me ponen horarios en el ordenador. Aunque mira que saben bien que yo solo utilizo este cacharro para escribir (y vaya cosas que escribo). Me da vergüenza, la verdad, tener que decir, "no puedo mi madre me está regañando para que deje el ordenador". Es un coñazo como una casa de grande. Pero lo mejor de todo es que la mierda de trasto este tiene contraseñas para cualquier tontería, para que no le entren virus. Pues eso no sirve de nada, señores, porque los virus los coge igualmente.
Y cuando termino con esto, me pongo a leer y a merendar. Porque eso es lo que más me gusta después de dormir. Leer y comer porquerías, como yo llamo a la bollería y los paquetes de fritos. Me puedo pegar toda la tarde, tirada en la cama, leyendo y escuchando música (aunque luego no me entero de la historia) y comiendo. ¿Quién dijo que era imposible hacer más de dos cosas a la vez? Mira que yo soy lenta, eh... Porque el otro día, por ejemplo, iba a poner la pasta de dientes en el mango del cepillo y tan fresca. Dios los cría y ellos se juntan. Espero encontrar a aguein que esté tan loco como yo, para que no me aburra nunca. Juntos haremos muchícimas tonterías y nos reiríamos de todo y de todos. Porque yo cuando hago tonterías es para reírme luego y si puedo, hacerme una foto para acordarme cuando tenga ochenta años.
Estoy deseando que llegue el invierno. Hoy es 9 de agosto y son las cuatro de la tarde cuando escribo esto, aunque lo empecé hace unos días. Eso, que quiero que llegue ya el invierno, para ponerme calentita con una buena taza de chocolate y esperar, como cada año, un milagro de Dios llamado nieve. Porque yo soy de las que está enfrente del cristal del balcón y empañándolo, día sí, y noche también. Ya veis que ilusa, mira que aquí en Sevilla, no nieva ni de coña. Pues aquí me tenéis, a una servidora, asomándose todos los días a ver si el cielo está tan gris como para que nieve, rogándole al cielo un poco de compasión, porque yo, por mucho que vaya a la sierra y vea nieve, sigo esperando que neive a pie del cañón. Si nevó una vez, ¿por qué no otra? Y ya que estamos, que coja en días laborales para no ir al instituto, por favor. Por pedir que no quede.
Porque en sí, el verano me gusta, las vacaciones duran mucho más (mira que dar sólo quince de vaciones de invierno). Pero en esta ciudad, tan bonita, hace una calor de mil demonios, que parece que es un castigo divino que nos confundió con los secuaces del señor del inframundo. Me gustaría saber a quién coño se le ocurrió edificar aquí. Aunque yo no cambiaría m i ciudad por nada del mundo. Por mucho calor que haga, pero por lo menos no hay inundaciones como en el norte. Además, tenemos una alegría que es la cura contra todo calor y no será porque no falten piscinas. Los sevillanos tenemos muy inculcados lo que es la educación.
Como todo libro que se precie (aunque no sé si esto llegará a serlo algún día), tengo que hablar de la educación, para que luego digan que este libro no sólo sirve para avivar el fuego, que además es educativo. Porque la educación es lo más importante, sobre todo la nuestra. Cuando mis padres no me dejaban llamar a las cuatro de la tarde y me tenía que volver de casa de mi amiga para dormir la siesta (aunque yo no la durmiera, ni mi amiga tampoco), ahora me doy cuenta de que era lo correcto. Gracias a esas cuatro horas, más o menos, que tenías que quedarte en casa, porque era hora de dormir la siesta, servidora encontró ese mundo tan bonito llamado literatura. Y gracias a esas cuatro horas, soy lo que soy, y escribo lo que escribo. Algunos me matarán cuando sepan que de algo tan culto cogí ejemplo yo, pero qué se le va a hacer. Porque, señores, la siesta es sagrada.
Ya se puede estar quemando la selva amazónica o el Parque del Alamillo, ya pueda estar nevando o cayendo chuzos de punta del cielo, ya puede estallar una tubería por culpa de las obras del metro, al que duerme la siesta le importa un carajo y por tus melas, no lo despiertes. No por educación, no, sino porque de la ostia que te da te hace adulto. Al igual que si se duerme viendo la tele y se la apagas, por ahorrar que la cosa está muy mala, se despierta como si el arcángel Gabriel le anunciara el resultado del partido de esa noche, y te fulmina con la mirada, y sientes que estás a punto de notar en tus carnes el frío del Yakutia (geografía: es el lugar más frío del mundo, en Rusia, según el País) y el calor de Al'Aziziyah, en Libia, todo eso a la vez. Y corres lo más deprisa posible a tu cuarto, cierras la puerta de un portazo (ojo, lo más flojo posible, porque es hora de siesta), y esperas a que el monstruo durmiente no te haya seguido para leerte los mandamientos que rigen la sagrada siesta. Lo sé, porque me ha pasado.
Supongo que es algo que no se puede evitar, tantas anécdotas importantes que hay en tu vida, qeu tienes que contar cuando escribes una biografía, y algunas tendrás que meter en el librito. Porque ya se me metió en la cabeza pensar que esto es una biografía de tomo y lomo, aunque muchos no piensen igual que yo. Por eso mismo es tan divertido el mundo, porque no todos pensamos igual. Sería muy aburrido si así fuera. Imagina que todo el mundo tiene el mismo gusto. Al principio eso te emociona, porque coincidís en todo, pero luego te aburres y llegas a pensar que el otro no tiene personalidad. Cuando pienso en eso, yo imagino un hermano igual que yo (no físicamente, eso me causaría un trauma), tener los mismo gustos, las mismas aficiones... Llegaría a pensar que él es un coñazo, pero... ¿Acaso no es igual que yo? Entonces, ¿eso significa que el coñazo soy yo? Es en esos momentos en los que piensas en los demás y dices: "pobrecitos, lo que tendrán que aguantar.", y le das gracias al cielo de que seamos diferentes. Gracias.
Ante todo, hay que defender a los seres queridos. Porque son lo que tienes y lo que te queda. Los amigos pueden irse, porque el trabajo es en el extranjero o cualquier otra cosa, pero la familia siempre está. Y mejor si es una familia numerosa y divertida, eso significa fiesta todos los años, ya sea bodas, comuniones, bautizos y incluso fiestas de cumpleaños, pero te lo pasas tan bien que estás deseando repetir. Y el orgullo de decir: "mira que vestido me he comprado para tu boda, ¿eh? ¿A que te gustaría llevarlo si no fueras de blanco?", pero eso no suele pasar, y no, no soy yo la que piensa eso. Porque a mi no me hace falta pensarlo, ya sé que voy deslumbrante a las bodas, porque, amigas, mi madre me hace los vestidos y no me gasto un duro en un vestido de marca, porque lo que cuenta es el cariño. (Te juro que si algún día leen esto, me buscan en donde esté y me matan).
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