viernes, 2 de octubre de 2009

Crónicas de un día aburrido II

Lo que pongo entre paréntesis es lo que pienso. Lo digo porque de repente me paré a pensar en si se entendía lo que significaba y por si acaso lo resuelvo ahora. Porque a mi me pesa mucho la conciencia (¡waaaaaaaaaa, otra vez hablando de ese tema, déjame en paz estúpido grillo!). Al igual que los párrafos no tienen ninguna relación entre sí y esto parece uno de esos dibujos de escaleras que están boca arriba y boca abajo y nunca tienen fin. Si alguna vez cometo alguna fechoría y vienen a investigar, se encontrarán este libro en mi mesita de noche: "Uy, mira, si resulta que escribió un libro y todo. ¿De qué irá?", los inventigadores no sacaran muchas luces con este libro. Por eso lo hago, por si acaso, para que sea una prueba viva de que no fui yo la que lo hice, fue mi subconsciente. O algo así. Esperemos que no caiga en las profundas y negras sombras de lo desconocido.

Ya veis si soy rarita que colecciono chapas de latas. Las chapitas que todo el mundo se emociona cuando las ve: "A ver que letra me sale..." y que todo el mundo, pero todo el mundo, se entristece cuando se cae dentro e intenta sacarla para tirarla a la basura, porque luego nadie las quiere. Pues me van a tener que cambiar el nombre porque YO si las quiero y no soy nadie. Las tengo de color azul, y de color normal, de metal, y de todas formas: de las latas de refresco y las de cervezas, porque las chapas no son iguales. También colecciono ptras cosas, como frases de todo tipo, o monedas de un céntimo. Penoso, porque soy la única que se agacha emocionada cuando ve una monedita y grita: "¡Anda, mira, una moneda de un céntimo! ¡Ya tengo otra!" Pero son esas cosas pequeñas y esas moneditas las que me hacen crecer como persona.

Y yo sigo escribiendo y le doy la enhorabuena a quien haya conseguido leerme hasta aquí. Tienes huevos y todo lo que hay que tener para leer esto. Además de tiempo libre. Lo normal sería decirte: "Anda, vete a estudiar" o "Tienes que hace ralgo útil con tu vida y dejar de leer este libro". Al menos eso es lo que diría tu madre si te viera así. Pero si sigues leyendo es que he tenido éxito y alguien ha encontrado esto después de morirme y ha dicho: "Total, por otro libro como este en el mercado..." Pues yo me alegro mucho. Porque s mi libro. Y eso que empecé escribiendome a mí misma y sólo porque estaba aburrida. Y ahora parece que le escribo a alguien y que ese alguien me lee y se emociona y se ríe cuando lee esto. Lo que hace la imaginación. Ya me creo que esto si se ca a publicar, cuando posiblemente no salga del ordenador y lo lea mi madre o mi hermano por error. Porque no tengo cuerpo ni alma para darle esto a alguien. No le haría pasar un mal rato. No porque piense que el libro es aburrido o malo, sino porque no tiene ni pies ni cabeza.

Poco a poco me cuesta menos escribir la palabra porque. Esa era otra de las que me traían de cabeza.

Un día de éstos iré al centro. A mí el centro me encanta, pero en verano, no. En invierno. Es precioso. Aunque muchos piensen que el centro en invierno es un asco porque está nublado o porque hace frío, es por eso por lo que a mí me gusta. Es un típico día de invierno, en los que vas andando con tus amigas y tus tonterías, con las bufandas y los guantes, y las botas húmedas de los charcos. Parece que estoy descibiendo una película pero es lo que me gusta. Y no pienso ir en bus, o voy en coche o en tren. Porque lo suyo es ir al centro en tren. Me encanta el tren. Quizá porque la primera vez que lo cogí fue para ir al centro (como no), con mis vecinos (por favor) y en un día de invierno. Que esperabas. Mi vida es así, está ligada con pequeños momentos myu intensos que em marcan de por vida. Nunca olvidaré aquel día.

Hoy (ya pasó un día más), he tenido un sueño de lo más extraño. Supongo que es de lo nervios de que empieza un nuevo curso (y de que queda menos para recuperar) y no sé en qué clase me va a tocar. O puede que sea porque, mi hermano entra en mi instituto. Ya me lo imagino, yo en los recreos con mis amigas, hablando de nuestras cosas y llega mi hermano y me dice: "Hola, bambina" Sólo una persona entenderá eso. Y sería entonces cuando yo le gritaré "¡Quieres irte al carajo de una puñetera vez! ¡Yo no soy tu niñera!" Y todo el mundo sabrá que mi hermano está en el instituto y se viene conmigo. Porque normalmente, al menos no he conocido a nadie que haga lo contrario, pero lo normal es que los hermanos no se hablen mucho en el colegio, cada cual va con sus amigos y con sus temas y no se echan cuenta. Pero yo conozco a mi hermano y no me va a dejar en paz. Lo sé porque lleva todo el verano diciéndome :"Cuando empiece el curso me lo enseñas todo y me presentas a tus amigas." Permitidme un gesto. ¬¬

Me encanta la mozarella fría. A ver si me explico. Cuando compras el paquete en el Mercadona, para meter en el frío, antes de usarla y todo eso. Pues esa es la mozarella que me gusta. Ahora mismo estoy comiendo un poco, aunque lo hago sin que se den cuenta, porque si no me regañan y, todo sea por un antojo. Porque yo no soy de las que comen por comer. Si tengo hambre como, y si no, no como. Mi madre dice que parezco una embarazada, porque antojos sí que tengo, aunque no tenga hambre. Me entran ganas de comer queso, como queso. Una vez comí nocilla (con el cuchillo, yo, muy bruta) y luego me comí una salchicha semicocida o como las llamo yo, recién cogidas del paquete. Por poco me hace vomitarlo mi madre, alegando que voy a coger una enfermedad del estómago, lo que dice siempre: "¡Y cuando estés en el hospital te abandono allí y que te cuide tu padre!" Mejor. Que me la imagino yo en el hospital: "¿Has echo tu cama, Laura? ¡A que no has limpiado el polvo!" Pero qué se le va a hacer, es una madre. Yo, cuando sea madre, dejaré que mis hijos coman lo que quieran, siempre que sea sano. Pero yo a mi madre la adoro.

Odio todo tipo de bichos. Acabo de oír el vuelo de una mosca (¬¬, me cago en tus muertos, mosca de mierda), recordé aquella noche de verano, tampoco hace tanto. Era una de esas noches en las que todo el mundo está contento, gracias a esos programas de la tele que pretenden hacer reír, sin resultados. Y había un mosquito volando por ahí. No hay cosa que más coraje me de, qeu unas alas de bicho cerca de mi oreja. Odio ese sonido, me saca de quicio. El caso es que estaba del mosquito hasta los mismísimos y decicí matarlo. O hacer como que lo mataba, porque a mí me dan mucho asco los bichos, ni siquiera los puedo matar. Dí una palmada en el aire, con tan mala suerte que lo maté sin querer. Y yo me dí cuenta. Empecé a gritar, a sacudir la mano en el aire, para ver el cuerpo del mosquito se despegaba de mi dedo. Lo sé, es asqueroso, que me lo digan a mí, pero si no cuento todos los detalles no queda bien. Me dice mi padre que me vaya a lavarme la mano, siempre riéndose, mira él que bueno, que se preocupa mucho por mí. Y cuando vuelvo al salón, todos riéndose de mí, porque estaba llorando del asco que le cogí a mi dedo esa noche. Estaba tan exasperada que terminé llorando. Hay que ver.

Tengo un gatito en el programa este en el que estoy escribiendo y el pobre se ha dormido. Este sí que es listo, se duerme. Esta monísimo. Que ricura. Cualquier tontería de estas me gusta mucho, no lo puedo evitar. Cuando juego a la Nintendo, a los sims, y cambio de ropa a mi personaje, éste pone caras. Se ríe, llora, se enfada... Y yo le digo: "No llores, por favor." O: "¿Por qué te enfadas?" Me emociono con mis personajes. Al fin y al cabo, son trozos de mi persona, intento reflejarme en ellos, como pasa en mis historias. Aunque no los hago a mi imagen y semejanza, intento que al menos, tengan algo de mi carácter o de mi modo de pensar. Son como hijitos pequeños que van creciendo poco a poco, crecen solas, dependiendo del estado en el que me encuentre o en el lugar. No tengo nada pensado de mis historias. Lo que tenga que ser será, y lo que no, pues no. Qué será, será...

El otro día cogí libros de la biblioteca y decidí que trabajaría en una. Porque, yo, con dieciséis años que llevo en este mundo, todavía no sabía lo que quería hacer de mayor. Y nunca me ha importado, siempre he preferido vivir el momento y ya llegará el día de pensar en eso. Y ese día llegó. Me encanta leer (ya lo he mencionado) y por eso creo que mi trabajo ideal sería de bibliotecaria, o trabajar en un librería. Aunque también he pensado en alguna que otra vez en trabajar en la tienda de Fnac, además de libros tiene videojuegos, películas y música. Es mi tienda ideal. Pero de momento tengo que acabar bachillerato y pensar si hago o no una carrera o me meto en módulos. Todavía no lo he decidido. Lo dicho, prefiero vivir el momento.

Últimamente no tengo ninguna ganas de escribir, así que mato el tiempo dibajundo, otro pasatiempo. Además nadie me quiere, nadie me llama y nadie se acuerda de mí. ¡Te quiero muchísimo Nadie! ¡Te adoro! Es algo que siempre está ahí, o con el nombre de nadie o con el nombre de nada. Por eso es tan querido por mí, porque siempre está ahí.

Ya no tengo más temas de conversación y creo que todo lo dicho se ha dicho bien. Gracias, a todos los que me habéis leído por tener paciencia y esperar hasta el final, a ver si se moría el protagonista, pero no, en esta biografía no se muere nadie. Aunque tampoco creo que sea una biografía porque no explico mucho de mi vida, más bien nada. No sé cómo llamarla, puede qeu "Crónicas de un día aburrido". Me gusta ese nombre. Lo dicho, gracias a todos, y espero que nunca más se escriba un libro como este, sin principio ni fin. Os quiero mucho. Y gracias de nuevo.

P.D.: A lo tonto a lo tonto, he escrito siete páginas señores, siete. La imaginación hace milagros.

No soy un completo inútil,
por lo menos sirvo de mal ejemplo.
Laura Gato Román

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