jueves, 1 de octubre de 2009

Crónicas de un día aburrido

Hoy tengo muchas ganas de escribir, pero no quería empezar otra historia sin fin. Empiezo a creer que tengo un verdadero problema, todas mis historias no tienen fin, al menos, no están pensados aún. Buano sí, una lo tiene, pero es demasiado larga y me cuesta ponerme todos los días a escribir, encima a mano, con lo que cansa eso. Escribo esto para que, si algún día por casualidad, tengo la genial idea de mandárselo a alguien (que no lo creo, es muy difícil que lo haga), sepa en lo que me entretengo yo cuando me pongo en el ordenador y no hay nadie a quien hablarle. Es decir, sí qeu hay gente, pero no tengo temas de conversación comunes y hace mil que no los veo, así que... ¿Para qué hablarles? No le pillo el sentido, pero bueno... Hay muchas otras cosas a las que tampoco le cojo el sentido, pero ahora no creo que se buena idea escribirlas aquí, más que nada por que si no, no terminamos nunca.

Bueno, creo que esa es una buena introducción, explicando por lo que escribo todo esto, simplemente tengo ganas de mover los dedos por el teclado, pero mi mente no tiene ganas de trabajar ni de inventarse otra historia. Por muy mini que sea y el final que tenga. Nunca consigo escribir bien a la primera la palabra historia. Suelo poner hisotria, o hisotoria o algo por el estilo. Ya ves lo que es mi cabeza, un nido de pájaros como dice alguien que conozco. Bueno, así reviente mi cabeza. Estoy un poco harta de comerme tanto el coco. Esa es otra de mis estupideces que no soy capaz de perder, me rallo demasiado. No sé cuantas veces lo he dicho, por si alguien tiene alguna cura, ni cuantas veces me he prometido no volver a hacerlo nunca más (¡¡nunca mais!! XP), pero siempre acabo cayendo en la tentación... Soy un caso perdido... Otro espacio.

No lo estoy ordenando por ideas ni nada por el estilo, sólo que veo un montón de letras juntas y me mareo así que de vez en cuando le doy al botón y espacio en blanco pa' la nena. Vaya tontería.Pero bueno, volviendo al tema.. Lo que cambia la sociedad... Lo llevo notando de un tiempo hacía aquí, antes salíamos mucho más, y nos divertíamos un montón. Creo que las vacaciones no hacen mucho bien, em vuelven perezosa y eso no es bueno, que después me cuesta mucho volver a ser como antes. Luego no tengo ganas de salir, ni de estudiar... ¡Y me cuesta mucho! Creo que por eso escribo todo esto, hay veces que me da miedo haber olvidado como se deslizan los dedos por el teclado, con esa velocidad que me relaja, aunque a otros lo saque de quicio, como a mi padre que no puede verme... Es más, nadie debería verme, menudas pintas... Lo bueno de las vacaciones es que prácticamente estás en pijama todo el día, porque hace demasiado calor para bajar y da pereza vestirme para que te vean los cuatro gatos que hay siempre en tu casa (ojo, que yo a mi familia la quiero mucho). NO, definitivamente, no me visto para que mi hermano me vea. Me quedo en pijama, fresquita. Además es algo que puedes hacer en cualquier estación, ya sea invierno, primavera, verano u otoño, siempre puedes quedarte un fin de semana en tu casa con el pijamita puesto. Me encanta. Si alguien alguna vez tiene que hacerme un regalo y no sabe qué, fácil, un pijama, o un peluchito o un puzzle. Otro espacio.

De esto voy a hacer una biografía. Cuando tenga las suficientes hojas como para que sea un libro decente, lo publico por ahí en cualquier cuchitril y me lo compro. Y ya está, ya tengo libro propio, aunque sea una mierda, porque la verdad, esto que estoy escribiendo no es un libro como Dios manda. Dios con mayúsculas, porque, como escuché en una película: aunque tú no creas en Dios (que yo si que creo), Dios si cree en ti. Además, pienso que es bonito que haya alguien ahí, que te quiere hagas lo que hagas, porque Dios te perdona (a no ser que hayas sido un renegado en tu vida y la hayas liado como nunca nadie la lió). Pero en lo que concierne a la religión, Dios tendrá que perdonarme, porque yo no voy a la iglesia, y no porque no tenga tiempo ni porque esté de pingoneo, sino porque no tengo ganas de levantarme a las siete para sentarme en un silla de plástico escuchando un sermón que dormida no vale la pena escuchar. Prefiero estar en mi cmaita, con mi almohada y mi pijamita (sí, otra vez estamos con lo mismo), calentita en invierno y con el ventilador en verano. Porque la cama se inventó para dormir hasta tarde. No para levantarse a las siete, como hacen algunos, para desayunar. Sólo para desayunar. Porque mira, si te tienes que levantar temprano para ir a trabajar, pues oye, se perdona, todo sea por una buena vida.

Aunque yo creo que no hemos venido al mundo para trabajar, no, sino para conseguir dinero para vivir. Algunos utilizan un método más malo, otros tienen ideas que le valen millones, yo no sirvo para eso, mis ideas no son de millones, con mías. Y no las vendo por nada del mundo. Más que nada porque son ideas de "tardes aburridas", como las llamo yo, porque son en esas tardes en las que no tengo nada que hacer (aunque debería estar estudiando XP), y sólo a mí se me ocurre pensar en esas cosas. Como el color de mi pared, o la textura de la colcha de mi cama, es sólo por poner ejemplos. Tampoco creo que nadie quiera mis ideas para nada, aunque a mí me sacan alguna sonrisilla de vez en cuando del tipo "mira que loca estoy, que pienso en lo tostados que están los quicos". Pues esas son mis ideas. Jajaja.

Yo no estoy acostumbrada a escribir cosas de estas, y algún día se la enviaré a alguien, sólo por el gusto de decir "lee lo que escribí, ya verás" y ver la cara de "madre mía, llama al manicomio" que se le pondrá al pobre que lea todo esto. Porque a lo tonto a lo tonto, ya llevo dos páginas y media. ¡Sí, señores! Dos páginas y media. Lo que da de sí el aburrimiento... Y eso que hay muchas cosas divertidas por ahí en Internet... Pues nada, si quieres ver a una idiota estar toda una tarde ocupada, tomen ejemplo de mí, que para algo sirvo. Hay veces que veo las fotos, eso me encanta, ver las fotos. Para decir: "que feaaaa" o "¿Quién me habrá sacado con esta cara?" y para reirme un rato, hombre. Porque yo creo que alguien que se ríe de sí mismo es alguien en quien te puedes fijar, a ver si me explico. Cuando te caes, no llores, no te avergüences, ríete. Sí, ríete, que tampoco es tan malo. A no ser que te hayas roto algo, entonces llora porque duele.

Pero bueno, no estamos aquí para hacer cambiar a la gente y qeu se ría cuando se caiga. No, simplemente lleno mi poco tiempo de ordenador que tengo. Porque, por muy mayorcita que sea (porque yo para mis padres soy mayor cuando les da la gana), me ponen horarios en el ordenador. Aunque mira que saben bien que yo solo utilizo este cacharro para escribir (y vaya cosas que escribo). Me da vergüenza, la verdad, tener que decir, "no puedo mi madre me está regañando para que deje el ordenador". Es un coñazo como una casa de grande. Pero lo mejor de todo es que la mierda de trasto este tiene contraseñas para cualquier tontería, para que no le entren virus. Pues eso no sirve de nada, señores, porque los virus los coge igualmente.

Y cuando termino con esto, me pongo a leer y a merendar. Porque eso es lo que más me gusta después de dormir. Leer y comer porquerías, como yo llamo a la bollería y los paquetes de fritos. Me puedo pegar toda la tarde, tirada en la cama, leyendo y escuchando música (aunque luego no me entero de la historia) y comiendo. ¿Quién dijo que era imposible hacer más de dos cosas a la vez? Mira que yo soy lenta, eh... Porque el otro día, por ejemplo, iba a poner la pasta de dientes en el mango del cepillo y tan fresca. Dios los cría y ellos se juntan. Espero encontrar a aguein que esté tan loco como yo, para que no me aburra nunca. Juntos haremos muchícimas tonterías y nos reiríamos de todo y de todos. Porque yo cuando hago tonterías es para reírme luego y si puedo, hacerme una foto para acordarme cuando tenga ochenta años.

Estoy deseando que llegue el invierno. Hoy es 9 de agosto y son las cuatro de la tarde cuando escribo esto, aunque lo empecé hace unos días. Eso, que quiero que llegue ya el invierno, para ponerme calentita con una buena taza de chocolate y esperar, como cada año, un milagro de Dios llamado nieve. Porque yo soy de las que está enfrente del cristal del balcón y empañándolo, día sí, y noche también. Ya veis que ilusa, mira que aquí en Sevilla, no nieva ni de coña. Pues aquí me tenéis, a una servidora, asomándose todos los días a ver si el cielo está tan gris como para que nieve, rogándole al cielo un poco de compasión, porque yo, por mucho que vaya a la sierra y vea nieve, sigo esperando que neive a pie del cañón. Si nevó una vez, ¿por qué no otra? Y ya que estamos, que coja en días laborales para no ir al instituto, por favor. Por pedir que no quede.

Porque en sí, el verano me gusta, las vacaciones duran mucho más (mira que dar sólo quince de vaciones de invierno). Pero en esta ciudad, tan bonita, hace una calor de mil demonios, que parece que es un castigo divino que nos confundió con los secuaces del señor del inframundo. Me gustaría saber a quién coño se le ocurrió edificar aquí. Aunque yo no cambiaría m i ciudad por nada del mundo. Por mucho calor que haga, pero por lo menos no hay inundaciones como en el norte. Además, tenemos una alegría que es la cura contra todo calor y no será porque no falten piscinas. Los sevillanos tenemos muy inculcados lo que es la educación.

Como todo libro que se precie (aunque no sé si esto llegará a serlo algún día), tengo que hablar de la educación, para que luego digan que este libro no sólo sirve para avivar el fuego, que además es educativo. Porque la educación es lo más importante, sobre todo la nuestra. Cuando mis padres no me dejaban llamar a las cuatro de la tarde y me tenía que volver de casa de mi amiga para dormir la siesta (aunque yo no la durmiera, ni mi amiga tampoco), ahora me doy cuenta de que era lo correcto. Gracias a esas cuatro horas, más o menos, que tenías que quedarte en casa, porque era hora de dormir la siesta, servidora encontró ese mundo tan bonito llamado literatura. Y gracias a esas cuatro horas, soy lo que soy, y escribo lo que escribo. Algunos me matarán cuando sepan que de algo tan culto cogí ejemplo yo, pero qué se le va a hacer. Porque, señores, la siesta es sagrada.

Ya se puede estar quemando la selva amazónica o el Parque del Alamillo, ya pueda estar nevando o cayendo chuzos de punta del cielo, ya puede estallar una tubería por culpa de las obras del metro, al que duerme la siesta le importa un carajo y por tus melas, no lo despiertes. No por educación, no, sino porque de la ostia que te da te hace adulto. Al igual que si se duerme viendo la tele y se la apagas, por ahorrar que la cosa está muy mala, se despierta como si el arcángel Gabriel le anunciara el resultado del partido de esa noche, y te fulmina con la mirada, y sientes que estás a punto de notar en tus carnes el frío del Yakutia (geografía: es el lugar más frío del mundo, en Rusia, según el País) y el calor de Al'Aziziyah, en Libia, todo eso a la vez. Y corres lo más deprisa posible a tu cuarto, cierras la puerta de un portazo (ojo, lo más flojo posible, porque es hora de siesta), y esperas a que el monstruo durmiente no te haya seguido para leerte los mandamientos que rigen la sagrada siesta. Lo sé, porque me ha pasado.

Supongo que es algo que no se puede evitar, tantas anécdotas importantes que hay en tu vida, qeu tienes que contar cuando escribes una biografía, y algunas tendrás que meter en el librito. Porque ya se me metió en la cabeza pensar que esto es una biografía de tomo y lomo, aunque muchos no piensen igual que yo. Por eso mismo es tan divertido el mundo, porque no todos pensamos igual. Sería muy aburrido si así fuera. Imagina que todo el mundo tiene el mismo gusto. Al principio eso te emociona, porque coincidís en todo, pero luego te aburres y llegas a pensar que el otro no tiene personalidad. Cuando pienso en eso, yo imagino un hermano igual que yo (no físicamente, eso me causaría un trauma), tener los mismo gustos, las mismas aficiones... Llegaría a pensar que él es un coñazo, pero... ¿Acaso no es igual que yo? Entonces, ¿eso significa que el coñazo soy yo? Es en esos momentos en los que piensas en los demás y dices: "pobrecitos, lo que tendrán que aguantar.", y le das gracias al cielo de que seamos diferentes. Gracias.

Ante todo, hay que defender a los seres queridos. Porque son lo que tienes y lo que te queda. Los amigos pueden irse, porque el trabajo es en el extranjero o cualquier otra cosa, pero la familia siempre está. Y mejor si es una familia numerosa y divertida, eso significa fiesta todos los años, ya sea bodas, comuniones, bautizos y incluso fiestas de cumpleaños, pero te lo pasas tan bien que estás deseando repetir. Y el orgullo de decir: "mira que vestido me he comprado para tu boda, ¿eh? ¿A que te gustaría llevarlo si no fueras de blanco?", pero eso no suele pasar, y no, no soy yo la que piensa eso. Porque a mi no me hace falta pensarlo, ya sé que voy deslumbrante a las bodas, porque, amigas, mi madre me hace los vestidos y no me gasto un duro en un vestido de marca, porque lo que cuenta es el cariño. (Te juro que si algún día leen esto, me buscan en donde esté y me matan).

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