Por la mañana fui de compras con mi hermana mayor, Aerith. Mis padres habían muerto cuando tenía cinco años y no les recordaba. Mi hermana Aerith era todo lo contrario a mí, tanto en el físico como en el carácter. Aerith era rubia, con el pelo corto y los ojos azules. Era mu nervios y no podía estar quieta mas de cinco minutos seguidos. En cambio, yo era morena, con el pelo largo y los ojos verdes. Yo era muy tranquila. Éramos la noche y el día, el ying y el yang. Lo uqe le faltaba a una, lo tenía la otra.
Estábamos en el coche y mi herman bajó para saludar a una amiga que trabajaba en un bar. al parecer algo no fue bien dentro del establecimiento, ya que mi hermana salió con un brillo de miedo y enfado en los ojos. Justo cuendo estaba bajando la acera, un hombre joven salió del bar, sacó una pistola y disparó a mi hermana. Al principio me quedé petrificada, pero después reaccioné y bajé de un salto a la acera.
-¡Aerith! Aerith, no te preocupes, ya estoy aquí.
-Elbereth...
-¿Sí? No pasa nada, te llevaré al hospital y te pondrás bien.
-No, Elbereth...
-¿Cómo?
-Elbereth escúchame bien. me voy a morir. pero quiero que, en cuanto me vaya, salgas corriendo. quiero que vayas a la Fortaleza Ilimitada.
-¿Qué?
-Prométeme que irás. Busca a Evelyn.
-¿Evelyn?
-Sí, y dile que sólo queda una.
-¿Una? ¿De qué me estás hablando Aerith?
-Prométemelo...
-¡Aerith! ¡No, Aerith! ¡Sigue respirando! ¡Aerith!
No me fui. Me quedé allí, junto a ella hasta que llegó la policía. Ellos me llevarona casa. Era tarde, pero no tenía hambre. Empezaba a llover y recordé la promesa que Aerith quería que cumpliese. Aquella noche no dormí. Cuando me desperté, volví a recordar la promesa. Así que cogí una cazadora negra, las laves de casa y me fui en busca de esa Fortaleza Ilimitada. sabía por mi hermana que estaba en la parte este y que debía tener cuidado, porque era la peor parte de la ciudad.
Empecé a caminar, siempre pensando en mis cosas y cuando quise darme cuenta ya había llegado. La Fortaleza Ilimitada era un barrio en los que los niños huérfanos y los jóvenes que no tenían casa visitaban frecuentemente, niños que robaban para poder sobrevivir. En el centro de ese barrio, se alzaba un conjunto de edificios enormes y altísimos, conocidos como Babylon City.
Me paseaba por la pequeña ciudad que se abría a mis ojos con miedo a los muchachos demacrados y con ojeras que se escondían en los oscuros callejones sin salida. Por un momento pensé en darme la vuelta y echar a correr, olvidar todo lo que había visto aquú y romper la promesa que le hice a Aerith. Pero entonces recordé su sonrisa y sus palabras llegaron a mi mente. "Nunca debes rendirte, Elbereth. Siempre hay una lucecita en la oscuridad en la que te encuentres, por muy pequeña que sea." Aerith... Todavía no podía creer que nunca más volvería a verla paseando por el pasillo, llamándome por las mañanas con su pijama rosa y arrastrando sus zapatillas, porque llegaba tarde al instituto. Ya nunca me llevaría en su coche descapotable rojo. Estaba sola.
-¿Se puede saber qué hace una chica guapa como tú en un sitio como éste?
Me volví sobresaltada, preparada para correr, esperando ver a uno de esos chicos de los callejones. Pero me quedé sorprendida, ay que no fue eso lo que me encontré. Tenía detrás a un chico rubio, con el pelo de punta peinado hacia atrás, y unos ojos enormes de color miel mirándome. Me vi reflejada en ellos.

1 comentario:
Me encanta la historia, esta chulísima y espero que la sigas eh?? k estoy deseando leer la segunda parte xD
Muxos besotes
Nunca cambies.
Y pásate x mi blog k he escrito algo nuevo ok?? luego me dices si te gusta. Ah! y muchas gracias por el comentario que dejastes ^^ me escantó. Me alegra k hayas entrado en la historia y k te hayas enganchado.
MUCHOS BESOS
NiiO
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